Todos somos adoradores de algo: dinero, amor, fama, comida, belleza, o el éxito. La pornografía y la masturbación no son la excepción, ¡el mundo la adora y es sumamente adictiva! El problema es que una vez dentro de tu vida suele tomar dominio de tu cuerpo al punto de hacerte perder las riendas por completo; adultera tu corazón. Dañas el templo que Dios te dio a cuidar.