En este episodio de Tinto con Wojtyla, Gustavo Mejía —psicoterapeuta y profesor de Teología del Cuerpo— profundiza en una verdad central y muchas veces incomprendida: la sexualidad humana como don y tarea.
Desde la visión de la Teología del Cuerpo, Gustavo reflexiona sobre cómo, a causa del pecado original, todos estamos heridos en nuestra sexualidad. Esta herida no es idéntica en todos, pero sí universal, y se manifiesta de formas distintas en cada persona. Lejos de reducir la sexualidad a conductas, este episodio invita a reconocer su carácter identitario: la sexualidad toca el núcleo de quiénes somos, cómo amamos y cómo nos relacionamos.
Un episodio profundamente formativo y esperanzador que recuerda que toda herida revela una necesidad de redención, y que el plan perfecto de Dios para la sexualidad humana no elimina la fragilidad, sino que la asume y la sana desde dentro.