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No siempre podemos controlar dónde caen las semillas que sembramos, pero sí podemos cuidar el terreno de nuestro propio corazón, preparando una tierra fértil para que Dios produzca fruto en nuestra vida.
Así como el oso despierta de su largo descanso cuando llega la primavera, un día todos los que descansan en Cristo despertarán para vivir eternamente con Él, sin dolor, sin enfermedad y sin muerte, en la tierra nueva.
¿Estamos dispuestos a permitir que Dios use nuestra historia para bendecir a otros?
Cuando conocemos a Dios personalmente, cuando hemos caminado con Él y aprendido a reconocer su voz, no importa cuánta tecnología, señales o apariencias estén involucradas: nada podrá separarnos de nuestro Salvador.
Jesús mismo nos advirtió contra los engañadores y nos llamó a estar atentos, no a fechas ni a sensacionalismos, sino a su Palabra.
No hay nada que nos pueda separar del amor de Dios; las matemáticas lo demuestran.
Hoy más que nunca necesitamos mantener la mente despierta y prestar atención a lo que vemos y escuchamos.
¿Existen hábitos o prácticas que nos alejan de Dios, que dañan nuestro cuerpo o afectan negativamente a quienes nos rodean?
Sembrar la paz en nuestro entorno es una mejor manera de vivir de Toda Palabra que sale de la boca de Dios.
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