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Con el mismo valor con el que triunfó en el campo de batalla, David rogó por piedad a Dios durante su caída. Y fue perdonado.
En su terrible aflicción, Job buscó refugio y consuelo en el Dador de la vida, y su alma fue fortalecida.
Cuando contemplamos las maravillas de la naturaleza, incluso la lluvia, podemos ver fácilmente la majestuosidad de Dios.
Llegará el dían en el que el mal, el sufrimiento, las angustias y la muerte desaparecerán para siempre.
Necesitamos cultivar el hábito de hablar con Dios, y hacerlo con la confianza de que él nos escucha y responde.
Cuántas nobles ideas y cuánta creatividad provechosa se pierden cada día, simplemente porque no usamos al máximo nuestra energía mental.
¡Cuánto mejor sería el comportamiento humano, y cuanto mejor andaría nuestro mundo si imitáramos más la conducta de Cristo!
Hay un Dios que puede quitar el peso agobiante de nuestros problemas, si tan sólo recurrirnos a él con una actitud de fe sincera.
Al mantener el foco en la meta y confiar en Dios, podemos superar los obstáculos y dificultades que se nos presenten en nuestro camino.
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