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Viviríamos en una maraña, congestionados y oscurecidos, si no tuviéramos un camino que nos de claridad espiritual y sentido de dirección.
¿Has procurado alguna vez alentar el corazón abatido de un amigo o de un familiar?
Ninguna generación que haya vivido sobre la faz de la tierra estuvo tan bien preparada para entender las implicancias del octavo mandamiento como la actual.
Con su prédica de amor y de verdad, los discípulos de Jesús transformaron al mundo.
Intentar resolver nuestros problemas sin la ayuda de Dios es como dormir en una cama demasiado corta o con una manta que no nos cubre por completo.
Imagina las fronteras que podríamos cruzar si obráramos en armonía con la voz de nuestro Creador.
Si la voz de Dios no es tu principal consejera, podrías estar tomando decisiones que no tienen en cuenta ni su agenda divina ni su reino.
No importa los sufrimientos que enfrentemos en esta vida, todo valdrá la pena el día que entremos en el reino que Dios ha preparado para nosotros.
Una vida transformada por Jesucristo es un testimonio que resulta difícil de refutar.
No hay nada más aburrido en un acontecimiento social que las personas que no paran de hablar de sí mismos.
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