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No estudió, reprobó cinco veces la primaria y prefirió ordeñar vacas. En Tijuana fue lavaplatos, bolero, albañil y pintor. Pero cuando cantaba, los albañiles se peleaban por tenerlo de ayudante.
Así empezó Vicente Fernández. Sin padrinos, sin disquera, y hasta con un traje de charro tan humilde que le dio vergüenza entrar al lugar donde terminaría lanzándose.
En este episodio recorremos su vida: los años en que nadie le daba oportunidad en Garibaldi, la amistad con Felipe Arriaga y Federico Méndez, la muerte de Javier Solís que abrió una puerta inesperada, y esa promesa que cumplió hasta el final: “mientras ustedes no dejen de aplaudir, yo no dejo de cantar”.
Un viaje por la biografía sonora del Charro de Huentitán, que heredó la tradición del cine de oro, la reinventó con historias de migración y la llevó hasta los escenarios del mundo.
By Roberto Sánchez HuertaNo estudió, reprobó cinco veces la primaria y prefirió ordeñar vacas. En Tijuana fue lavaplatos, bolero, albañil y pintor. Pero cuando cantaba, los albañiles se peleaban por tenerlo de ayudante.
Así empezó Vicente Fernández. Sin padrinos, sin disquera, y hasta con un traje de charro tan humilde que le dio vergüenza entrar al lugar donde terminaría lanzándose.
En este episodio recorremos su vida: los años en que nadie le daba oportunidad en Garibaldi, la amistad con Felipe Arriaga y Federico Méndez, la muerte de Javier Solís que abrió una puerta inesperada, y esa promesa que cumplió hasta el final: “mientras ustedes no dejen de aplaudir, yo no dejo de cantar”.
Un viaje por la biografía sonora del Charro de Huentitán, que heredó la tradición del cine de oro, la reinventó con historias de migración y la llevó hasta los escenarios del mundo.