Pastor Eduardo Díaz

Todo sera tuyo


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Mateo 4:1–11

El Hijo de Dios pasó las primeras dos tentaciones sin que el diablo consiguiera desviarlo del fundamento puesto en el bautismo. El Cristo se ha mantenido firme en su compromiso de vivir sustentado por la relación que posee con el Padre, dirigido siempre por el Espíritu.

El enemigo, sin embargo, aún no se da por vencido. Una vez más se acerca, y esta vez «el diablo le llevó a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adoras» (Mateo 4:8, 9).

Lo invito a que haga suya mi oración para esta última parte de este tema: «Padre, he visto cuán profundas son las implicaciones de lo que está en juego en esta prueba. En esta tercera tentación deseo, también, que tú reveles la astucia del enemigo y me muestres cómo podemos caer en esta tercer trampa. Sé tú mi Maestro. Amén.»

No es claro cómo logró Satanás mostrarle los reinos del mundo y la gloria de ellos; sí sabemos que estamos frente a una intensa manifestación del mundo espiritual. La alusión a la gloria de ellos indica que aquí no estamos hablando meramente de una extensión geográfica y política, sino de todo lo más apetecible que los reinos de esta tierra pueden ofrecer.

Lo primero que debemos preguntarnos es si el diablo tiene autoridad para realizar tal oferta. En la versión de Lucas, el evangelista añade esta frase: «pues a mí me ha sido entregado y a quien quiero se lo doy» (Lucas 4:6). El Cristo mismo confirmaría en su ministerio que la hora del juicio había llegado, por el cual el príncipe de este mundo será echado fuera (Juan 12:31). Es importante tomar esto en cuenta para que alcancemos a ver cuán seductora es la propuesta. No hubiera constituido prueba alguna que el enemigo le ofreciera lo que no podía otorgar.

Al igual que en las otras pruebas esta también contiene una clara trampa. El acto de adorar a otro implica el reconocimiento de su condición de superioridad sobre nosotros. En términos estrictamente espirituales, en el mismo acto de adorar, la persona estaría sujetando al dios que adora no solamente su vida, sino también sus posesiones. De este modo, en el momento de postrarse ante Satanás, Jesucristo estaría reconociendo su indignidad de adueñarse de todos los reinos de la tierra y de la gloria de ellos.

No obstante, hay algo mucho más profundo en esta propuesta y es esa realidad la que debemos descubrir. La clave la encontramos en la respuesta de Jesús, que siempre se enfoca en la dimensión espiritual de lo que está en juego. El texto también está tomado del capítulo 6 de Deuteronomio. En el día de mañana estaremos reflexionando sobre el contenido de este pasaje.

Quisiera, antes de terminar, extenderle una invitación. En las tres oportunidades en que el Cristo respondió al enemigo escogió porciones del mismo libro. Sin entrar en las particularidades de Deuteronomio, creo que la elección de Jesús constituye, en sí, suficiente razón para familiarizarse con el mensaje de ese libro. Cuando se acerque a él, en algún momento, encontrará que su mensaje es muy pertinente para su vida en este tiempo.

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Pastor Eduardo DíazBy Eduardo Díaz