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El primer paso de quien aprende a traducir la Toráh a su vida real, es saber de qué salir, de qué cuidarse, de qué prevenir, de modo de ver límpido el horizonte y caminarlo sin pesar.
Y cuando la Toráh nos enseña a diseñar nuestro camino, no habla de cuestiones abstractas, sino de la vida real. Ojos y corazones (lo que vemos y apetecemos y despierta nuestros afectos) son dos de las puertas íntimas que debemos vigilar, para evitar que a su través se corrompa nuestro camino.
Hoy, conversamos acerca del arte de preservar la inocencia creciendo en sabiduría.
El primer paso de quien aprende a traducir la Toráh a su vida real, es saber de qué salir, de qué cuidarse, de qué prevenir, de modo de ver límpido el horizonte y caminarlo sin pesar.
Y cuando la Toráh nos enseña a diseñar nuestro camino, no habla de cuestiones abstractas, sino de la vida real. Ojos y corazones (lo que vemos y apetecemos y despierta nuestros afectos) son dos de las puertas íntimas que debemos vigilar, para evitar que a su través se corrompa nuestro camino.
Hoy, conversamos acerca del arte de preservar la inocencia creciendo en sabiduría.