Vivir en presencia nos permite ser conscientes del cuerpo que habitamos, de nuestros pensamientos, emociones, de nuestra energía. Cuando no vivimos en presencia nos sentimos desconectadas, y manifestamos confusión la mayor parte del tiempo, ya que nuestra atención siempre está dispensa o en el pasado, futuro o situaciones externas que nos hacen perder nuestro enfoque.