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Esta mañana han terminado la primera parte del viaje de León XIV. Han sido tres días intensos en Madrid en los que el Papa ha realizado gestos y ha lanzado mensajes dirigidos no solo a los que viven en la capital de España. Desde Madrid, el Papa ha querido hablar a toda Europa. Han sido tres días en los que las multitudes le han seguido y escuchado en las calles. Lo ha aplaudido la gente sencilla de diferentes generaciones que ha rezado con él, lo ha aplaudido el mundo de la cultura, del arte y de la economía, lo han aplaudido los diputados y senadores. Muchos de los que han querido escucharlo no son creyentes y ni siquiera están de acuerdo con todo lo que el Papa propone. Pero han sentido simpatía y atracción por un hombre que vive con sinceridad un gran ideal, un hombre en el que la palabra y el gesto están unidos, un hombre libre que da razón del sentido de su vida. Se certifica así que vivimos en una sociedad possecular en la que los viejos clericalismos y anticlericalismos han sido en gran medida superados y en la que la búsqueda de sentido está a flor de piel. Quien tiene una propuesta seria es escuchado. Ha desaparecido, en gran medida, el miedo a que la Iglesia imponga desde una posición hegemónica su modo de ver el mundo.
León XIV ha indicado que este es el camino de la Iglesia: en una época marcada por las heridas, por la oscuridad de la razón y de las emociones, “la Iglesia está al servicio del corazón humano, no de forma impositiva, sino con el testimonio evangélico”. A los católicos el Papa nos ha invitado a ser hombres y mujeres de carne y hueso, no apariencias, sino rostros fiables. “Sed humanos, como lo es Cristo en plenitud”.
By COPEEsta mañana han terminado la primera parte del viaje de León XIV. Han sido tres días intensos en Madrid en los que el Papa ha realizado gestos y ha lanzado mensajes dirigidos no solo a los que viven en la capital de España. Desde Madrid, el Papa ha querido hablar a toda Europa. Han sido tres días en los que las multitudes le han seguido y escuchado en las calles. Lo ha aplaudido la gente sencilla de diferentes generaciones que ha rezado con él, lo ha aplaudido el mundo de la cultura, del arte y de la economía, lo han aplaudido los diputados y senadores. Muchos de los que han querido escucharlo no son creyentes y ni siquiera están de acuerdo con todo lo que el Papa propone. Pero han sentido simpatía y atracción por un hombre que vive con sinceridad un gran ideal, un hombre en el que la palabra y el gesto están unidos, un hombre libre que da razón del sentido de su vida. Se certifica así que vivimos en una sociedad possecular en la que los viejos clericalismos y anticlericalismos han sido en gran medida superados y en la que la búsqueda de sentido está a flor de piel. Quien tiene una propuesta seria es escuchado. Ha desaparecido, en gran medida, el miedo a que la Iglesia imponga desde una posición hegemónica su modo de ver el mundo.
León XIV ha indicado que este es el camino de la Iglesia: en una época marcada por las heridas, por la oscuridad de la razón y de las emociones, “la Iglesia está al servicio del corazón humano, no de forma impositiva, sino con el testimonio evangélico”. A los católicos el Papa nos ha invitado a ser hombres y mujeres de carne y hueso, no apariencias, sino rostros fiables. “Sed humanos, como lo es Cristo en plenitud”.