Se nos va de ojo que el populismo se fundamenta en un discurso disruptivo que busca quebrar de manera abrupta el orden social, sin ofrecer más alternativa que el estancamiento o la vuelta al pasado, frente a un presente y un futuro que trae nuevas reglas de juego.
Disrupción que se opone al concepto de deconstrucción teorizado por el filósofo Jacques Derrida, quien propone deshacer analíticamente aquello que se observa: la sociedad, la cultura, la política, la tecnología, para crear estructuras nuevas, nuevos sistemas, nuevos mecanismos que nos permitan encajar los cambios vegetativos que se producen en todo contexto social.
Disrupción que cuaja en las mentes por la acción de los trovadores del miedo al futuro y la falta de una pedagogía social por parte de las autoridades, para hacer comprensible al ciudadano el alcance y sentido del cambio que incorpora la acción conjunta de la tecnología digital y la inteligencia artificial. Innovaciones que más allá de su carácter utilitario se presentan al ciudadano como un Leviatán que va a arrasar con todo, incluso con el concepto de lo humano, que asusta y crea el caldo de cultivo para la expansión del discurso populista. Olvidamos así que el cambio es la base del avance y del progreso de la humanidad al que no hay que temer, sino comprender. Frente a la disrupción: deconstrucción. ¡Que no se te vaya de ojo!