No es verdad cuando gritas que me quieres,
porque sólo son gritos de victoria,
porque has doblegado en mí esa memoria
que selecciona los dolores que causas cuando ríes.
No es verdad cuando dices que me amas,
porque sólo son desechos de los besos
que se caen después de amar al amor,
que son desechos del deseo de saberte
como siempre la dueña del tiempo en tu regazo.
No es verdad que me sueñas en tus sueños,
nunca he sido tan siquiera ese dueño de un retazo
de ti ni pensamiento en la luz que te imaginas,
das por doquier por las esquinas que vendes a la aurora.
No es verdad cuando dices que me añoras
porque no existo en el tiempo que repartes
entre el arte de mentirte, siendo autora
de tus propios desniveles, de historias que guardas,
de aranceles que he de pagar por abrazarte.
No es verdad nada, cuando nadas sola entre tus nubes
esperando que se arrime ese querube
que tienes pintado entre tus cejas.
No te dejas amar porque me pides
el alma cuando ya te la has bebido,
la palabra cuando te defiendes en el silencio,
la mirada cuando el sol está dormido,
el aliento después de haberme amado
porque te reservas el derecho de amar
cuando tú quieres y no repartes ni una brizna
del momento del deseo, de un abrazo,
de ese acto donde se juntan Universos
y los dioses se unen a la tierra
y tu boca se muere en el desierto.
No es verdad cuando gritas que me amas,
te lo entrego cual si fuera lo que soy
ese rostro que te espera en la mesilla
encuadrado en el marco de un retrato.
Chema Muñoz©