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Ser justo no significa que siempre sea cómodo. Significa que elegimos lo correcto.
La justicia no consiste en ser el más fuerte. Ni en hacer lo más espectacular. La justicia es dar a cada persona lo que le corresponde: cuidado, respeto, dignidad.
El príncipe menor entendió algo muy importante: las personas no son medios para mis logros. Son hijos de Dios.
San Luis nos enseña que la justicia no depende de si soy grande o pequeño. Depende del corazón.
La justicia no es algo aburrido. Es lo que permite que todo marche en armonía.
La Cuaresma es como subir una montaña: la prudencia nos ayuda a elegir bien el camino y preparar el corazón. No se trata de hacer lo más difícil, sino lo que realmente nos acerca más a Jesús
El Catecismo de la Iglesia Católica dice que la prudencia nos ayuda a discernir el verdadero bien y a elegir los medios rectos para hacerlo (n. 1806).
La imprudencia habla primero… y piensa después.La prudencia piensa primero… y luego habla.
La prudencia es la luz que ilumina nuestras decisiones, para no caminar a oscuras y elegir siempre el bien.
Las virtudes teologales son las raíces que nos unen a Dios; las cardinales, el tronco y las ramas que hacen visible nuestra vida cristiana.
Cuando fe, esperanza y caridad alimentan prudencia, justicia, fortaleza y templanza, nuestro corazón se llena de frutos.
La caridad es como una fuente que nunca se acaba y como el motor que nos impulsa a hacer el bien.
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