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Un corazón limpio no es el que nunca se ensucia, sino el que deja que Dios lo limpie.
Las grandes historias de Dios muchas veces comienzan con una pequeña inspiración a la que alguien respondió: «Sí».
Ser dócil al Espíritu Santo no significa no tener miedo; significa confiar en Dios más que en nuestros miedos.
El Espíritu Santo no solamente nos da dones; nos enseña para qué utilizarlos.
Dios puede hacer cosas maravillosas con una persona que le permite cambiar sus planes.
Un corazón dócil no necesita conocer todo el camino; necesita estar dispuesto a escuchar el siguiente paso.
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