Tras este largo e insufrible tiempo, eterno para las indefensas víctimas de la agresión, la guerra sigue, y por ello quiero aprovechar esta fecha redonda, sesenta trágicos días, para ofreceros desde aquí un programa especial de homenaje al pueblo de Ucrania, a sus heroicos hombres que se enfrentan valientemente al implacable atacante, a sus ancianos, a sus mujeres y niños que, desprotegidos, siguen sufriendo las horribles consecuencias de la guerra. Debo señalar también, por tanto, que mi postura ante la guerra, ante las guerras, no es la de un pacifismo buenista.
Mi «no a la guerra» es, más allá de una fórmula vacía y vanamente enfática, más allá de un postureo de señoritos acomodados que tranquilizan su conciencia con proclamas inanes que apuntalen la propia satisfacción, es, digo, por el contrario, una humilde opción voluntaria por situarme -lo sé, de un modo muy cómodo, desde la apacible tranquilidad de un hogar seguro y confortable- al lado de las víctimas.