"Para que como pueblo de Dios podamos dar el fruto que el Señor espera de nosotros, debemos estar dispuestos a morir a nosotros mismos y permitirle al Espíritu Santo que él gobierne y manifieste su vida a través de nosotros”
"Para que como pueblo de Dios podamos dar el fruto que el Señor espera de nosotros, debemos estar dispuestos a morir a nosotros mismos y permitirle al Espíritu Santo que él gobierne y manifieste su vida a través de nosotros”