“Como hijos de Dios, debemos darle la importancia que merece al fruto que cada uno de nosotros está produciendo, y en el caso de qué la palabra sembrada en nuestro corazón, no del fruto, acorde con lo que ha sido sembrado en nosotros, busquemos trabajar en nuestro corazón, para que la palabra disponga de un terreno adecuado para germinar y dar fruto.”