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Hablando de las expectativas que suscita la visita del Papa a nuestro país, el presidente de la Conferencia Episcopal se ha referido, en una entrevista concedida al diario ABC, al “aprendizaje que estamos haciendo, y que no nos resulta fácil, de salir de la época del vínculo total entre Iglesia y sociedad, de administrar la herencia recibida, de nuestra distribución parroquial en la montonera de templos y el tiempo nuevo que vivimos que nos pide bajar a las preguntas de los hombres de nuestro tiempo”.
En esta frase se condensa, creo yo, el centro de la cuestión, o sea, del desafío que afronta hoy la Iglesia en España: pasar de la mera administración de una herencia que procede de un tiempo en el que “parecía” no haber distinción entre Iglesia y sociedad, a un momento en el que el anuncio, el testimonio de la Iglesia, tiene que medirse con los interrogantes, los deseos y la búsqueda de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sin dar nada por supuesto. Es un paso que va de la mera preservación, a veces con tintes de autodefensa, a una propuesta integral de la fe ofrecida a la libertad de cada persona. Eso implica un cambio de mentalidad, no sólo personal sino comunitaria. No es un cambio de táctica, es una profundización en la naturaleza de nuestra fe como respuesta libre y razonable a la gracia del encuentro con Jesucristo en la comunidad cristiana; implica también una escucha atenta a preguntas que no son, tal vez, las que esperamos, y una paciencia para acompañar el itinerario de personas que, quizás, vienen de muy lejos.
Dice monseñor Argüello que este paso implica un aprendizaje, y que este aprendizaje nos está costando. Es importante tomar conciencia de todo ello, y es justo desear que la ya próxima presencia de León XIV entre nosotros, además de muchas otras cosas, nos ayude específicamente en este punto.
By COPEHablando de las expectativas que suscita la visita del Papa a nuestro país, el presidente de la Conferencia Episcopal se ha referido, en una entrevista concedida al diario ABC, al “aprendizaje que estamos haciendo, y que no nos resulta fácil, de salir de la época del vínculo total entre Iglesia y sociedad, de administrar la herencia recibida, de nuestra distribución parroquial en la montonera de templos y el tiempo nuevo que vivimos que nos pide bajar a las preguntas de los hombres de nuestro tiempo”.
En esta frase se condensa, creo yo, el centro de la cuestión, o sea, del desafío que afronta hoy la Iglesia en España: pasar de la mera administración de una herencia que procede de un tiempo en el que “parecía” no haber distinción entre Iglesia y sociedad, a un momento en el que el anuncio, el testimonio de la Iglesia, tiene que medirse con los interrogantes, los deseos y la búsqueda de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sin dar nada por supuesto. Es un paso que va de la mera preservación, a veces con tintes de autodefensa, a una propuesta integral de la fe ofrecida a la libertad de cada persona. Eso implica un cambio de mentalidad, no sólo personal sino comunitaria. No es un cambio de táctica, es una profundización en la naturaleza de nuestra fe como respuesta libre y razonable a la gracia del encuentro con Jesucristo en la comunidad cristiana; implica también una escucha atenta a preguntas que no son, tal vez, las que esperamos, y una paciencia para acompañar el itinerario de personas que, quizás, vienen de muy lejos.
Dice monseñor Argüello que este paso implica un aprendizaje, y que este aprendizaje nos está costando. Es importante tomar conciencia de todo ello, y es justo desear que la ya próxima presencia de León XIV entre nosotros, además de muchas otras cosas, nos ayude específicamente en este punto.