La muerte cuenta con la asombrosa capacidad acercar a los lejanos, de impulsar nuevos rituales y destapar la creatividad humana para sobrellevar la pérdida. Los recuerdos por quienes ya no están, se alimentan de simbolismos, que en repetidas ocasiones incitan a convertir en sagrado el lugar donde una persona perdió la vida, como aquellas cruces o monumentos, que podemos ver al borde de carretera y que sin palabras nos dicen: “Aquí hubo un muerto”. A estas tumbas vacías se le conoce como Cenotafios, y se pueden encontrar desde los más discretos, hasta los gigantes y opulentos como el Taj Mahal en la India, o las pirámides de Egipto. Hoy hablaremos sobre la muerte y la arquitectura para la memoria.