Un 29 de agosto de 1966, en el Candlestick Park de San Francisco, los Beatles daban su último concierto.
Paul McCartney le pidió a su encargado de prensa, Tony Barrow, que grabara el concierto en una cinta de casete usando una grabadora portátil. La casete duraba 30 minutos por cada lado y, como Barrow no la volteó durante el espectáculo, la grabación se cortó durante la última canción, Long Tall Sally.