El poeta Kabir es una de las figuras más interesantes del misticismo hindú.
Se cree que nació en Benares hacia 1440, fue desde muy joven discípulo del célebre asceta Ramananda. Este predicaba en la India del Norte el mismo despertar religioso que Ramanuja, el gran reformador del brahmanismo en el siglo XII, había predicado en la India del Sur.
Era, a la vez, una reacción contra el formalismo excesivo del culto ortodoxo y una reivindicación de los derechos del corazón frente al intelectualismo exagerado de la filosofía vedantista.
Toda la gama de las emociones místicas está en esos poemas, desde las abstracciones más sublimes, desde la pasión más trascendente para el Infinito, hasta el sentimiento más personal y más íntimo de la presencia divina, expresado en metáforas familiares y en símbolos religiosos, que lo mismo proceden de las creencias hindúes que de las mahometanas.
El autor de estos poemas, ¿era brahmán o sufí, vedantista o vishnuita? imposible decirlo.
Kabir es, ante todo y como él mismo dice, el hijo de Alá y de Ram.
No es posible dar fe al cúmulo de leyendas contradictorias que envuelven la historia de Kabir.
Se dice que en 1518 murió en Maghar, cerca de Gorakpur.
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