Muchas veces esperamos tener algo para empezar a actuar distinto: más dinero para sentir seguridad, una relación para sentir amor, éxito para sentir confianza. Pero el cambio suele funcionar al revés. Primero eliges quién quieres ser, luego actúas desde ahí, y con el tiempo tus resultados empiezan a parecerse a esa nueva forma de vivir.
Casi todos lo hacemos al revés. Pensamos, cuando tenga más dinero, seré más tranquilo. Cuando tenga pareja, me sentiré amado. Cuando tenga éxito, voy a confiar en mí. Pero quizá el orden no es tener, hacer, ser. Quizá es al revés. Ser, hacer, tener. Primero, eliges quién quieres ser. Luego, haces cosas coherentes con esa versión. Y después, poco a poco, tu vida empieza a parecerse a eso. No como magia, más bien como jardinería. No le gritas a un manzano, ¡dame manzanas! Lo cuidas, lo riegas, le das luz. Y un día, sin prisa, sin rama, florece y te da manzanas. Entonces pregúntate ¿Qué haría hoy la versión de mí que ya está construyendo la vida que quiero? No por tener más por ser intencional y congruente al ser distinto