Jueces 5:28 La madre esperaba con ansias el regreso de su hijo. Su hijo era el que había gobernado con tiranía a Israel por más de 20 años. Siempre fue un gobernante muy duro para el pueblo, pues lo oprimió y castigó duramente. 900 carros de hierro hacían de Sísara uno de los reyes cananeos más déspotas de la historia; sin embargo, Dios lo había dejado actuar así a causa de la dureza del corazón del pueblo de Israel.
Su madre siempre estuvo detrás de él celebrando sus triunfos, avalando su carácter de dictador y celebrando sus despotismos y atropellos. Supongo que, buena parte del carácter opresor de Sísara se debió a la actitud sobreprotectora de su madre. Fue ella la que, en vez de formar un hombre justo y gobernante fiel, hizo un mounstro digno de repudio y desprecio.
Ahora Sísara era esperado por su madre, quien continuamente echaba un vistazo a la ventana para ver si por ventura su hijo vendría celebrando otra victoria más de su implacable y despiadado ejército.
Sísara había salido con todo su ejército. Su 900 pulidos y brillantes carros se enfrentaban a un disminuido e improvisado ejército liderado por una insignificante mujer, Débora.
Ella misma los había acorralado, derrotado y anulado completamente. De la multitud de carros de hierro de Sísara solamente quedaban los despojos, todos sus hombres habían muerto y Sísara, como lo haría cualquier cobarde había huido y se había ido a refugiar a la tienda de otra mujer, cuyo nombre era Jael.
Las mujeres que observaban la preocupación en la madre de aquel gobernante, veían que Sísara no volvía y que la ansiedad estaba haciendo presa de ella, trataban de calmarla con palabras positivas pensando quizás en generar algún tipo de tranquilidad en su corazón.
LA BIBLIA DESDE OTRO ANGULO