Hay algo más peligroso que nunca haber conocido a Dios… Haberlo conocido… y regresar.
No todo retroceso se ve como rebeldía. A veces empieza con algo pequeño: un día sin orar, una decisión sin pensar, una ausencia que “no pasa nada”…
Y cuando te das cuenta, ya no estás donde tienes que estar.
Esta predicación es una confrontación directa a los ciclos silenciosos: ir y venir, encenderte y apagarte, avanzar y retroceder.
No es un mensaje para informarte… es para romper el ciclo de una vez por todas.