¿Ay! Quien fuera ese aire que te rodea,
quién la caracola que se forma sobre tu pelo,
o esa oración que desde el cielo
como una luz te roza al alba.?
¿Quién la aureola cuando amanece,
la que te arrulla y te revela cada mañana
la voz del viento.
¿Quién la mano que te soporta sobre tu vientre
cuando te asomas a la nacencia?
¿Quién fuera alas para llevarte allá,
tan lejos como la brisa cuando camina siempre contigo
por esas sendas bajo las aguas de un cielo vivo,
con las espumas que dan las nubes
con la marea que se adormece sobre la playa?
Pero la mar solo sostiene como en volandas
cuerpos dormidos, los abisales van al encuentro
solo de aquellos que ya se han muerto
y los envuelve en sedas de agua,
para que sean allá en su sueño
solo senderos de un mar oscuro, verde,
donde se pierden entre corales llegando a puerto,
mecen las olas como a los peces almas de sal,
con sus escamas durmiendo al viento.
Que bien que hayas venido a hablar de amor
cuando la mar roza tu lecho, cuando al rumor
es el deseo dentro en tu pecho.
¡Ay! Que amargo es ese amor que has esperado
desde una torre a la que adornan sin un motivo
con un papel, unas tijeras, tanta amargura,
y en las ventanas ondean al viento
cortinas negras.
Chema Muñoz.