Un salmo para el alma Charles Spurgeon describió el Salmo 139 como “una de las himnos sagrados más notables”, un canto a la omnisciencia, omnipresencia y omnipotencia de Dios. No es solo un poema teológico, sino un diálogo íntimo entre el creyente y su Creador. En los versículos 16 al 18, encontramos el clímax de esta revelación: la verdad de que somos conocidos, diseñados y pensados por Dios desde antes de nacer.