Por: Lidice Valenzuela
Nunca un año político ha sido más largo y difícil –al menos eso indican los acontecimientos- que el vivido por el presidente peruano Pedro Castillo, un dirigente sindical en la humilde región de Cajamarca, donde era maestro de una escuela rural, atrapado en una red de enemigos de distinta tendencia, pero muy en especial, la poderosa oligarquía de la nación andina.