En nuestra fe, creemos que Dios debe respondernos. A veces, Él podría literalmente tomar las cosas o respuestas que deseamos, aunque estas respuestas no satisfacen realmente nuestra curiosidad ni nos lleven a donde pretendíamos, sino que simplemente satisfacen nuestra hambre de una respuesta.
Al no encontrar claridad en la respuesta, hemos tratado de poner palabras en la boca de Dios para decir cómo debería responder.
Una de esas respuestas es la famosa "Dios hace las cosas por algo", y mucha gente se queda tranquila con esa idea.
En nuestra naturaleza no nos interesa la respuesta, nos interesa que nos respondan
Nos quedamos con una idea de algo que podría ser, pero que en realidad no es.
Juan 13:7
Reina-Valera 1960
7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.
Y entonces lo sella con esta promesa de la palabra: "un día entenderás". Y entonces Dios dice: "Aquí lo vamos a guardar porque va a haber un día en el que yo regrese a esta página".
A nadie loe gusta quedarse EN VISTO
Cuando no tenemos respuesta, queremos reclamarle a Dios
o queremos ayudarle a Dios
Había personas que estaban pasando por una situación realmente difícil. No entendían lo que estaba sucediendo y, en su intento por manipular y mejorar su situación, comenzaron a buscar ayuda en brujos y adivinos.
A veces, nos empeñamos en obtener una respuesta, incluso cuando esa respuesta, aunque la tuviéramos, no cambiaría nuestra situación.
La Biblia nos cuenta la historia de Job, un hombre del que Dios estaba orgulloso. Dios le dijo al diablo que no había nadie como Job en la Tierra. El diablo respondió que Job solo lo alababa porque Dios le había dado todo. Entonces, Dios permitió que el diablo le quitara todo a Job, excepto su vida.
Job lo perdió todo: sus hijos, su familia, su dinero y su salud. A pesar de su sufrimiento, Job nunca renegó ni perdió la confianza en Dios. Incluso cuando sus amigos le decían que Dios lo estaba castigando por algo que había hecho, Job se mantuvo firme en su fe.