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Como sucede desde hace 56 años, la Conferencia Episcopal ha entregado los Premios Bravo en el que, este año, se ha premiado, entre otros, al gran periodista Fernando Ónega, de manera póstuma; al escritor Javier Cercas, a la cantante Rosalía, a José Luis Pérez, presentador de El Cascabel de Trece TV, o a la Fundación COPE. Los Bravo reconocen a aquellos profesionales que, en diversos ámbitos, son capaces de traslucir en su comunicación la dignidad del hombre, los derechos humanos y los valores del Evangelio.
Como ha destacado el presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, monseñor Lorca Planes, la Iglesia tiende la mano al mundo de la comunicación. La Iglesia misma no se entiende sin anuncio y por tanto sin comunicación, en su sentido más genuino, y quiere construir lugares de encuentro. En tiempos de algoritmos e inteligencias artificiales estamos especialmente llamados a poner subrayar la singularidad humana y a reconocer el trabajo de quienes, con todas las dificultades que este mundo plantea, buscan la verdad para comunicarla con una mirada aguda, una mirada de lo humano más profunda de lo habitual. Hoy, cuando prima la rapidez y una cierta comunicación impersonal, la diferencia la marcan aquellos que son capaces de mirar a las personas a la cara, de reconocer, a partir de sus rostros, sus alegrías y sus penas, y de bucear en el corazón humano, siempre inquieto y habitado por un deseo de plenitud que ninguna realidad humana puede colmar del todo.
By COPEComo sucede desde hace 56 años, la Conferencia Episcopal ha entregado los Premios Bravo en el que, este año, se ha premiado, entre otros, al gran periodista Fernando Ónega, de manera póstuma; al escritor Javier Cercas, a la cantante Rosalía, a José Luis Pérez, presentador de El Cascabel de Trece TV, o a la Fundación COPE. Los Bravo reconocen a aquellos profesionales que, en diversos ámbitos, son capaces de traslucir en su comunicación la dignidad del hombre, los derechos humanos y los valores del Evangelio.
Como ha destacado el presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, monseñor Lorca Planes, la Iglesia tiende la mano al mundo de la comunicación. La Iglesia misma no se entiende sin anuncio y por tanto sin comunicación, en su sentido más genuino, y quiere construir lugares de encuentro. En tiempos de algoritmos e inteligencias artificiales estamos especialmente llamados a poner subrayar la singularidad humana y a reconocer el trabajo de quienes, con todas las dificultades que este mundo plantea, buscan la verdad para comunicarla con una mirada aguda, una mirada de lo humano más profunda de lo habitual. Hoy, cuando prima la rapidez y una cierta comunicación impersonal, la diferencia la marcan aquellos que son capaces de mirar a las personas a la cara, de reconocer, a partir de sus rostros, sus alegrías y sus penas, y de bucear en el corazón humano, siempre inquieto y habitado por un deseo de plenitud que ninguna realidad humana puede colmar del todo.