Hubo un tiempo en el que Asturias fue independiente y tuvo su capital en Gijón. Todo ocurrió entre el verano y el otoño de 1937, en plena guerra civil española y con Asturias convertida en una ínsula republicana en el Norte del país.
Al frente con y sin soberanía, Belarmino Tomás líder de un Consejo Soberano que tuvo los días contados, pero que incluso llegó a acuñar sus propios sellos y papel moneda.
Y así, entre intentos de cambio y pequeñas revoluciones cotidianas, los Belarminos quedaron como una curiosidad casi olvidada en la historia de Asturias. Una moneda que nació con intención, que circuló brevemente… y que desapareció antes de asentarse en la vida de la gente.
Pero su corta existencia no le resta significado. Al contrario: nos habla de un momento concreto, de decisiones, de contextos económicos y de la constante búsqueda de estabilidad en tiempos inciertos.
Hoy queridos oyentes, los Belarminos ya no pasan de mano en mano, pero siguen teniendo valor. No en los bolsillos, sino en la memoria histórica. Son un recordatorio de que incluso los proyectos más efímeros forman parte del camino, por ello si tienen un Belarmino por casa estoy seguro de que forma parte de su historia familiar, porque alguien en su día los puso en su camino.