El miedo nos encierra, nos paraliza. Nos aísla de la vida. Nos borra lo aprendido, nos vuelve incrédulos a las grandes promesas de Dios. Pero el Espíritu Santo, la antorcha de Dios, nos hace ver que Dios puede iluminar con su perdón y su paz los lugares más oscuros de nuestra vida. Mediante ese Espíritu, Dios nos trae la obra de Jesús y hace que lo "increíble" de Dios sea creíble a los ojos de la fe.