Vigilia de Pentecostés
“Pensemos en el Espíritu Santo, hablemos con él” (Papa Francisco).
*Jesús nos regala su Espíritu para que saboreemos la vida por dentro y vivamos la paz, más allá de la inestabilidad de las pandemias*. Con las manos abiertas lo recibimos. En nuestra interioridad, en el silencio. El Espíritu es torrente de agua viva, nos enseña a descubrir a Dios dentro de nosotros y no fuera. *¡Es gracia y alegría, fortaleza y esperanza, vida entregada y comunión, viento fuerte para el testimonio, voz sinfónica para la alabanza*.
Danos, Señor, tu Espíritu.
*Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor*.
Jesús y el Padre nos regalan el Espíritu, plenitud de la Pascua. Todo nuestro negocio consiste en aprender a recibir. Cuando el coronavirus ocupa nuestro pensamiento y nuestras conversaciones, el Espíritu mantiene vivo el recuerdo de Jesús en el mundo y nos capacita para vivir la experiencia interior del misterio del Padre. *El Espíritu cambia nuestra suerte, nos transforma: el fracaso en fecundidad, la sequedad en agua abundante, la siembra en cosecha, la pandemia en torrente de solidaridad. *El Espíritu de Jesús es el Evangelio encarnado en nosotros*. El agua duerme en lo profundo de nuestro pozo; ¡dichosos quienes oyen su rumor!
Queremos seguir a María quien lo escucha, lo recibe, acepta ser revestida por Él desde la pobreza, la gratuidad, sin adueñarse de logros y éxitos.
Danos, Señor, tu Espíritu.
¡Qué gesto tan lleno de amor, tan orante: Jesús soplando sobre nosotros! Jesús nos da a aquel que le ha empujado por los caminos para estrenar el Evangelio y acercar la bondad del Padre a los pobres. Ahora, el Espíritu es el aire que empuja nuestra vela por los mares; delicadamente nos enamora. El Espíritu, con sus dones, convierte nuestra vida en una fiesta de servicio a la humanidad más adolorida, nos hace oír la música para danzar el gozo de Dios junto a hermanas y hermanos en las plazas de los pueblos, en los hospitales. ¡Cuánto lo necesitamos para vencer los miedos, que paralizan la vida, y encender cada día llama de la esperanza!
Danos, Señor, tu Espíritu.
*Reciban el Espíritu Santo*.
A Jesús no le queda ya nada por darnos. Con el don de su Espíritu nos lo da todo. "Reciban el Espíritu Santo", Jesús es el corazón de la oración y de la vida... En este tiempo de pandemia oramos con María:
Danos, Señor, tu Espíritu.