El proverbista nos esta dando aquí instrucciones de cómo corregir a nuestros hijos, mientras no sea tarde. Pero a cuantos padres nos cuesta corregir a esos seres que amamos? Los corregimos quizá de la misma manera como nos corrigieron cuando niños. Tal vez de manera extrema o a lo mejor no los corregimos y dejamos pasar y pasar. Sin embargo, nuestro Padre Celestial nos invita en su palabra que es necesario que seamos corregidos como hijos: (Hebreos 12:5-8)
«Hijo mío, no tomes a la ligera la disciplina del Señor ni te desanimes cuando te reprenda, 6 porque el Señor disciplina a los que ama, y azota a todo el que recibe como hijo». 7 Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? 8 Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos.”