La unción que reposaba sobre Esdras no era una unción escandalosa, ni emocional, era una unción de sabiduría, enseñanza, santidad y liderazgo. Era el tipo de unción que no solo impacta un momento, sino que transforma generaciones.
Esdras fue un sacerdote y escriba, pero lo que lo hacía especial no era su título, sino su corazón consagrado y la pasión por la palabra. El no solo estudiaba la ley, la vivía y la enseñaba. y es ahí donde descansaba su verdadera unción.