Desde muy pequeños se adquiere el hábito de vivir hacia afuera, dando atención a las necesidades de otros, obstaculizando los canales, negandonos a recibir, generando un retraso en la energía de la abundancia que viene hacia nosotros.
Al negarme a reconocer que es lo que deseo y darme el permiso de recibir, retrasamos o impedimos que las personas o situaciones disponibles nos entreguen lo que el universo tiene destinado para que llegue a nuestras manos.
Cuando recibimos sin remordimientos ni cohibiciones, aceptamos el merecimiento, reconocemos nuestro verdadero valor y nos permitimos estar en el lugar y situaciones que nos corresponden. Así pues, el primer paso para aprender a recibir de otros, es aprender a recibir de nosotros mismos el reconocimiento, la atención, el cariño y la valoración que nos merecemos, ya que en verdad vivimos en un mundo de prosperidad!