Urtzi Balantzategi, nacido en Meñaka, cuenta que tuvo su primer contacto con la música siendo muy pequeño. Era su aitite quien le llevaba al coro de la parroquia todos los domingos a escuchar los recitales. Tenía 14 años cuando comenzó a tocar el bajo eléctrico y en la Escuela de Música Solokoetxe coqueteó con la viola, el violín y el violonchelo. ¿En qué momento decidió que su vida iba a quedar ligada al mayor miembro de la familia de la cuerda frotada? ¿Cómo ha llegado a convertirse en uno de los dos únicos constructores de contrabajos de la península? Desde hace tres meses tiene su propio taller en Leioa. El proceso nos lo ha contado en Euskadi Hoy Magazine.