Si mi pueblo, sobre el cual se invoca mi nombre, se humilla y ora, y busca mi rostro, y se aparta de sus malos caminos, yo lo escucharé desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra.(2 Crónicas 7:14)
Así como lo hizo con el rey Salomón, el Señor también nos advierte sobre los peligros de desviarnos de su voluntad. Pero si somos reconocidos como su pueblo, ¡debemos invocar al Señor! Siempre hay una segunda oportunidad para aquellos que se convierten al Señor. Abandonemos nuestros malos caminos y vengamos a Cristo. ¡Él es el Camino de vida y paz!
¡Busquemos al Señor con todo el corazón! La dependencia de Dios, el arrepentimiento, la oración y la humildad son pasos fundamentales en la búsqueda de la restauración divina.