La tarea primera y fundacional de la Iglesia, esencial a todas las demás, se define aquí desde la boca del mismo Cristo: “la evangelización,” la proclamación del Evangelio, la “Buena Nueva”. Esta no es una de las verdades eternas y bien conocidas como “Dios existe y debemos amarnos unos a otros”, sino hechos históricos completamente imprevistos y sorprendentes sobre Jesús, el Cordero de Dios que quita los pecados de los mundo muriendo y resucitando.