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Con frecuencia existe una consideración frívola del traje, del vestido, más acusada aún cuando se refiere al de la mujer. En ella, la ropa se convierte en un instrumento del pecado, es la demostración palpable de su vanidad y, por ende, incluso de su lujuria. Sin embargo, la ropa es también la expresión de un estatus social, por eso el aristócrata debe mostrarse al mundo con todo el orgullo de su clase, por lo que su apariencia debe estar en consonancia con su esencia, la de pertenecer a un estamento privilegiado y superior a los demás.
By ASAR FERNAN RODRICon frecuencia existe una consideración frívola del traje, del vestido, más acusada aún cuando se refiere al de la mujer. En ella, la ropa se convierte en un instrumento del pecado, es la demostración palpable de su vanidad y, por ende, incluso de su lujuria. Sin embargo, la ropa es también la expresión de un estatus social, por eso el aristócrata debe mostrarse al mundo con todo el orgullo de su clase, por lo que su apariencia debe estar en consonancia con su esencia, la de pertenecer a un estamento privilegiado y superior a los demás.