Cantar poemas a las damas españolas, desde finales de la Edad Media hasta entrado el siglo XV, fue un modo de cultivar la tensión erótica entre los amantes cortesanos que solían profesar amor —de verdad o fingido— sirviendo y favoreciendo a su amada. Fue un modo de enamorar a las damas para conquistar su amor, que no solo entrañó una poética cortés y una estética conceptista que se practicaban en la vida cotidiana, sino también un código de conducta en perfecta correspondencia con el contenido de las canciones, que implicaba el honor del caballero, en cuyo centro reinaba la dama, a quien rendía servicio de amor. Es indudable que el legado del amor cortés, en la lírica como en los rituales relativos al cortejo y a la experiencia amorosa, marcó la cultura occidental: su código y algunos de sus rasgos siguen vigentes hasta nuestros días, para bien y para mal.