en una reunión privada en el balcón del Palacio Esmeralda, el mismo lugar donde una vez Oumar observaba sus dominios.
Con los fondos recuperados, Amina logró detener la hambruna. Compró suministros, reconstruyó las escuelas y, lo más importante, indemnizó a las familias de las víctimas del Pozo de Al-Kadir. Sin embargo, el precio político fue devastador. La coalición extranjera exigió el pago de los intereses de la deuda de guerra, y las corporaciones mineras regresaron a Koro con contratos aún más leoninos, aprovechando la debilidad del Estado.
El Legado de los Baobabs
Diez años después, en 2036, Saheliana es un país diferente, pero las cicatrices permanecen. Malik se retiró a las montañas del norte, donde ayuda a las comunidades a desactivar las minas terrestres que él mismo ayudó a colocar. Amina, tras dos mandatos marcados por la austeridad y la reconstrucción, dejó la presidencia voluntariamente, convirtiéndose en la primera líder de la región en ceder el poder sin derramamiento de sangre.