Hay voces que no se descubren, sino que se reconocen como algo que siempre ha estado ahí, como el aire o la tierra. Un hombre de cuerpo entero que no interpreta una cultura, sino que la encarna con la convicción de un traje que no es disfraz. Es la persistencia de una identidad que no pide permiso para ocupar el espacio y que se queda grabada mucho después de que la última nota se ha disuelto.