Kristoff Salmaz

Vida.


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Vida que pasas de largo
mirándome dejarte a ratos,
teniéndome como un sonámbulo
sumido en el sueño de la muerte.
Vida, tienes la fuerza suficiente
para tenerme en suspenso cada vez
que me prometes un amanecer,
que escucho llorar a un niño,
que me enfado con cada desatino
que mi corazón me proporciona,
cada vez que camino por tu senda.
Vida, me has dado demasiado
que siempre me minimizo y no merezco
tus gracias, tus descalabros, tus noches
llenas de dolor y de nostalgia.
Noches que me llenan de frío
y de angustia, de haberes y deberes,
de obviar lo innecesario
y de extrañar lo que se tuvo
como a ti, Vida. Vida bandida
que me diste tiempo de aprender
que es el tiempo el mejor maestro,
que cura heridas, que regala vidas
pero que mata siempre a sus alumnos;
que regala sonrisas al recuerdo,
que al loco lo vuelve cuerdo
y que despierta los sueños más obscenos.
Vida, no sabes cuánto te eché de menos
la vez que decidiste abandonarme...
Te fuiste de golpe, con un disparo
que fue un bisturí que cortó carne,
que rompió tejidos, que tronó huesos,
que dejó a mis labios sin tus besos
y mi cuerpo yermo. Sin sentido terminé
de desangrar mi corazón sin gritar.
Ya era tarde. Cuando quise retenerte
el plomo estaba entrando en mi cerebro,
el sabor de quemado llenó mi boca
envenenando así mis tiempos.
Lo último que recuerdo de ese instante
fue una detonación, un grito ronco,
un llanto sordo que provenía de mi pasado
y que derrumbó cualquier sombra de presente.
Vida, tú la pusiste en mi camino...
tú me paraste ahí y no el Destino
quien me dejó enamorar de su sonrisa,
de esa sombra que desapareció de prisa
y de quien nunca más volví a saber.
El desasosiego, la angustia, el dolor
que dentro de mí volvió a crecer
para hacerse presentes día con día.
Las ganas de vivir eran ya muchas
y dejé de fumar hasta las Lunas,
y dejé el café en las ventanas
y por fin dormí para soñarle
entre mis brazos, junto a mis ganas.
Pero su recuerdo era demasiado
fuerte para evitar estar a su lado;
jamás reapareció, nunca fue visible
y mi razón de sentir ya era imposible.
La busqué, la sentí, la amé
hasta que su corazón latió sin fuerza,
hasta que la encontré en mi cabeza
y en todos los rincones de mi ser.
Le llevé música, le puse flores
que tapizaran su paso tan menudo,
miles de olores, miles de voces
que nunca rompieron su corazón
pero sí el mío.
Vida, me dejó. Tú, su recuerdo
te llevaste, como mi vida,
como sus ojos, como una flor
que pierde color al ser herida.
Por eso, es por eso, Vida,
que te obligué a que te largaras,
que dejaras de joderme
y así me perdonaras.
De Vida, de Muerte, de Siempre.
Me aburriste, me alegraste, me dejaste
con las manos vacías, vacío de sangre,
con venas de lodo y parafina.
No te fuiste. Te dejé. Nos abandonamos.
Ay, Vida, ya nunca nos encontramos...
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