El Comentario del Día

Viernes IV Pascua - 01/05


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VIERNES IV PASCUA

1 DE MAYO

San Juan 14, 1-6

Los problemas afectivos

San Pablo recuerda a los judíos la verdadera condición del Señor: “Tú eres mi Hijo:

yo te he engendrado hoy”. Esta valentía del Apóstol de los gentiles nos demuestra

la eficacia del Espíritu Santo cuando aceptamos ser instrumentos de Dios.

Confesar la divinidad de Jesucristo en nuestros días no es, precisamente, recitar el

“Quijote”. Porque no hablamos de una figura de ficción, o de un personaje brillante

de la historia que hizo “cosas”. Estamos poniendo en juego toda nuestra existencia.

Es cierto que nos encontramos con multitud de “platos de lentejas”, que nos

aseguran no pasar hambre o, incluso, entretenernos para no pensar en cuestiones

trascendentes… Pero ¿somos capaces de vender nuestra felicidad por algo tan

efímero?

Toda llamada de Dios exige su correspondiente renuncia y sacrifico (¿no tienen

también que renunciar a cosas el padre de familia que ha de madrugar para ir al

trabajo, la madre que tiene al hijo enfermo, o el médico que ha de atender a un

paciente?). Dios nunca va a romper su compromiso con nuestra naturaleza: con lo

que tenemos y somos, “simplemente” va a perfeccionar el propio estado, de ese

hombre o de esa mujer, con las nuevas gracias que recibirá en esa vocación

específica que el Señor le pide.

Si, por ejemplo, muchos matrimonios y familias entendieran que el don que han

recibido es una vocación de Dios, antes de llegar a una ruptura por causas

“afectivas” (“Ya no me quiere”, “lo nuestro se ha enfriado”, “hay alguien que me

comprende mejor” …), sería bueno hacer examen para sincerarnos acerca de lo que

hemos estado dispuestos a dejar en beneficio de la felicidad del otro, y por amor a

Dios. Por supuesto, que siempre habrá excepciones, es decir, situaciones

verdaderamente irreconciliables, pero es bueno recordar que son eso:

excepciones.

“Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Éste es el

tipo de confianzas que nos harán vivir con una serenidad de espíritu excepcional.

No me imagino a Nuestra Madre la Virgen con temores por lo que pudieran pensar

los enemigos de Dios acerca de su Hijo. Más bien, su identificación con Jesús le

haría adquirir sus mismos sentimientos: dar la vida hasta el fin, con entusiasmo y

alegría, que es la esencia de la felicidad.San José, esposo de la Virgen, nos muestra, desde su saber hacer, cómo responder

a la voluntad de Dios.

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