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VIERNES V PASCUA
8 DE MAYO
San Juan 15, 12-17
La Buena Noticia
“Bajaron a Antioquía, donde reunieron a la Iglesia y entregaron la carta. Al leer
aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho”. La Iglesia está llena de buenas
noticias, aunque nos encante quedarnos en los escándalos, en las críticas o en las
miserias. Es cierto que todos los que formamos la Iglesia tenemos nuestro pecado,
pero (al contrario que los informativos de televisión), no son nuestra noticia de
portada, ni la última ni la más importante. La Iglesia ha anunciado, anuncia y
anunciará una buena noticia para cada hombre y mujer de cada tiempo. Siempre
habrá quien no quiera abrir las ventanas de su alma y dejar que, entre la luz y el aire,
quien se resistirá, como gato panza arriba, a aceptar que Dios le quiere y que por lo
tanto puede querer, pero eso no debe extrañarnos ni escandalizarnos.
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois
mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Sería mucho más fácil tener un Dios
lejano, distante, indiferente a los hombres, pues así nosotros podríamos ser
indiferentes a Dios. Cuando ahora se trata de negar la divinidad de Cristo en el fondo
se trata de negar la divinidad de Dios. No queremos que Dios nos llame amigos, que
Dios se entregue a la cruz por nosotros, que tenga misericordia de cada uno, pues
eso nos compromete. Parece más fácil vivir sin Dios, pero rechazando a Dios
rechazamos la única Buena Noticia que vale la pena, nos resignaríamos a vivir sin
alegría. Por eso tanta gente vive desencantada, buscando la alegría fuera de sí en
mil tipos de diversiones y distracciones. Como San Agustín buscan la alegría en las
cosas de fuera y no se dan cuenta de que Dios es más íntimo a nosotros que
nosotros mismos. Cuando uno mira su vida sin Dios descubre tanta miseria que no
cree que Dios pueda elegirlos y prefiere elegir a su dios. Pero “No sois vosotros los
que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis
y deis fruto, y vuestro fruto dure.” Esa elección no nace de nuestras virtudes
personales o de nuestras capacidades, nace de la misericordia de Dios y,
justamente por eso, nos llena de alegría. Deberíamos llorar de alegría al
comprender esta realidad.
La Iglesia anuncia una buena noticia. Habrá quien quiera descubrir en la Iglesia
intereses ocultos, negocios oscuros o tramas sospechosas. Pero todos en la Iglesia
sabemos que hacemos y vivimos algo que no es nuestro, que ni tan siquiera hemos
elegido, sino que ha sido Dios quien nos ha elegido y sólo podemos dar gratis lo que
gratis hemos recibido. Y por muchos enemigos de la Iglesia que surjan por todo elmundo la Iglesia no callará, pues no puede renunciar a sembrar alegría, aunque los
hombres se nieguen a ser alegres.
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”.
Como María proclamemos a los cuatro vientos la alegría de ser amigos de Dios.
By Ermita Virgen del Puerto Madrid RíoVIERNES V PASCUA
8 DE MAYO
San Juan 15, 12-17
La Buena Noticia
“Bajaron a Antioquía, donde reunieron a la Iglesia y entregaron la carta. Al leer
aquellas palabras alentadoras, se alegraron mucho”. La Iglesia está llena de buenas
noticias, aunque nos encante quedarnos en los escándalos, en las críticas o en las
miserias. Es cierto que todos los que formamos la Iglesia tenemos nuestro pecado,
pero (al contrario que los informativos de televisión), no son nuestra noticia de
portada, ni la última ni la más importante. La Iglesia ha anunciado, anuncia y
anunciará una buena noticia para cada hombre y mujer de cada tiempo. Siempre
habrá quien no quiera abrir las ventanas de su alma y dejar que, entre la luz y el aire,
quien se resistirá, como gato panza arriba, a aceptar que Dios le quiere y que por lo
tanto puede querer, pero eso no debe extrañarnos ni escandalizarnos.
“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois
mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Sería mucho más fácil tener un Dios
lejano, distante, indiferente a los hombres, pues así nosotros podríamos ser
indiferentes a Dios. Cuando ahora se trata de negar la divinidad de Cristo en el fondo
se trata de negar la divinidad de Dios. No queremos que Dios nos llame amigos, que
Dios se entregue a la cruz por nosotros, que tenga misericordia de cada uno, pues
eso nos compromete. Parece más fácil vivir sin Dios, pero rechazando a Dios
rechazamos la única Buena Noticia que vale la pena, nos resignaríamos a vivir sin
alegría. Por eso tanta gente vive desencantada, buscando la alegría fuera de sí en
mil tipos de diversiones y distracciones. Como San Agustín buscan la alegría en las
cosas de fuera y no se dan cuenta de que Dios es más íntimo a nosotros que
nosotros mismos. Cuando uno mira su vida sin Dios descubre tanta miseria que no
cree que Dios pueda elegirlos y prefiere elegir a su dios. Pero “No sois vosotros los
que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis
y deis fruto, y vuestro fruto dure.” Esa elección no nace de nuestras virtudes
personales o de nuestras capacidades, nace de la misericordia de Dios y,
justamente por eso, nos llena de alegría. Deberíamos llorar de alegría al
comprender esta realidad.
La Iglesia anuncia una buena noticia. Habrá quien quiera descubrir en la Iglesia
intereses ocultos, negocios oscuros o tramas sospechosas. Pero todos en la Iglesia
sabemos que hacemos y vivimos algo que no es nuestro, que ni tan siquiera hemos
elegido, sino que ha sido Dios quien nos ha elegido y sólo podemos dar gratis lo que
gratis hemos recibido. Y por muchos enemigos de la Iglesia que surjan por todo elmundo la Iglesia no callará, pues no puede renunciar a sembrar alegría, aunque los
hombres se nieguen a ser alegres.
“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador”.
Como María proclamemos a los cuatro vientos la alegría de ser amigos de Dios.