En la aurora del primer día de la semana, cuando aún la oscuridad parecía tener la última palabra, el Evangelio según san Juan (20, 1-9) nos introduce en el acontecimiento decisivo de la historia: el sepulcro está vacío. María Magdalena corre, Pedro entra, el discípulo amado contempla… y cree. Este breve pero denso relato no solo narra el inicio de la fe pascual, sino que traza el camino de toda auténtica experiencia cristiana: buscar en la noche, perseverar en la incertidumbre y, finalmente, abrirse a la luz de la fe.