Camilo amaba la lectura de los libros ascéticos; después del Evangelio, eran sus preferidos, sobre todo los que hablaban de la Caridad. Fue muy devoto de las Obras de Fray Luis de Granada (España 1504 – Lisboa 1588, hoy es Beato).
Fray Luis fue hijo de panaderos gallegos pobres. Siendo muy pequeño quedó huérfano de padre y su madre debió mendigar para sobrevivir. Luis solía repetir a sus amiguitos los sermones que oía en la Iglesia; el conde de Tendilla, asombrado de ver a un pequeñín expresarse de ese modo, lo tomó bajo su protección. A los 19 años ingresó en el Convento Dominico. Destacó como predicador excelso y tuvo una profunda formación teológica. Enviado al convento en Córdoba; labra una gran amistad con San Juan de Ávila. Su ”Libro de la oración y meditación” fue aprobado por el Concilio de Trento. Es considerado uno de los mejores oradores religiosos del siglo XVI. Murió ciego y con una salud muy debilitada por ayunos, trabajos, penas y mortificaciones. Sus obras han inspirado a grandes Santos, como San Luis Gonzaga y San Camilo de Lelis, entre otros.