Ya no quiero las prisas, los nervios, la angustia, la espera. Quiero tiempo, calma, sosiego, certeza. No quiero que me deban más besos, quiero que me besen todos mis miedos. Quiero una rutina ordinaria y que la costumbre ponga el extra. Ya no busco que se me salga el corazón del pecho, ni quedarme sin aliento. Quiero sentir cada latido, cada respiración, cada momento, y disfrutar de las grandes cosas pequeñas. Y no, ya no quiero que me cuenten más cuentos para dormir, ni villanos disfrazados de príncipes azules que tienden a desteñir. Y entre la verdad o la mentira, quiero que me dejen siempre elegir.