Lo que sucede en nuestra vida interior, tiene la capacidad de impactar todo nuestro ser.
El mundo en el que vivimos, la sociedad, los gobiernos, las organizaciones y las iglesias, son el resultado de la suma de millones de individuos que al no vivir la vida basados en una vida interior profunda transformada, llevan sus realidades consigo y terminan definiendo el mundo exterior a partir de sus enfermedades interiores.
La mayoría de las estrategias organizacionales para la formación de líderes, se centran en el desarrollo de habilidades y competencias externas como la planificación, la formación de equipos, la comunicación asertiva y la retroalimentación, y aunque estas cosas son importantes y necesarias:
De nada sirve enfocarnos en las habilidades exteriores del liderazgo si no trabajamos con la realidad de nuestro mundo interior, porque las personas lideramos desde lo que somos y no desde lo que hacemos.