Esta parábola, contada por Jesús, no es solo una historia sobre un hijo rebelde. Es un retrato profundo del corazón del Padre: un amor que espera, corre, abraza y restaura. En ella descubrimos quién es Dios y cómo responde ante nuestros errores, nuestras vueltas y nuestros juicios. No hay rincón tan lejano donde su voz no pueda alcanzarte.